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Creciente influencia china en Latinoamérica

Creciente influencia china en Latinoamérica

Las batallas económicas, políticas e institucionales mediante las cuales China ha fijado su posición han impulsado, como así también contribuido, a la erosión de la posición estratégica global de EEUU. El avance de China y el desafío estratégico multidimensional que presenta se encuentran perfectamente caracterizados por uno de los neologismos más débilmente definidos e interpretados del vocabulario moderno: el soft power (“poder blando”).

LA NATURALEZA DEL SOFT POWER CHINO

En general, el soft power chino se sustenta en bases diferentes al de EEUU, lo cual lleva a los analistas a subestimar dicho poder basándose en aquellos factores que constituyen las fuentes de influencia de EEUU, tales como el gusto de la juventud mundial por la música, los medios de comunicación y el estilo de vida estadounidense, el uso masivo del idioma inglés en los negocios y en la tecnología, o la cantidad de miembros de las élites que fueron educados profesionalmente en instituciones de EEUU.

Es importante aclarar que el soft power se concentra en percepciones y emociones (o sea, inferencias) y no necesariamente en una realidad objetiva. Aunque el comercio actual de China con América Latina y su nivel de inversiones resultan aún limitados comparados con los de EEUU, su influencia en la región no está tan relacionada con la importancia de dichas actividades, sino con las esperanzas o temores que prevalecen en la región respecto de qué podría ocurrir en el futuro.

Dado que la percepción es el factor que impulsa al soft power, las situaciones particulares, las esperanzas, los temores e ideologías preponderantes son las que moldean el impacto que provoca China en cada país de América Latina. El régimen “socialista bolivariano” de Hugo Chávez de Venezuela considera a China como un aliado poderoso en su cruzada contra el “imperialismo” occidental, mientras que países como Perú, Chile y Colombia perciben a China en términos más tradicionales como un inversor y socio comercial importante en el contexto del capitalismo de libre mercado global.

La esencia del soft power chino en América Latina, como en el resto del mundo, se centra en la percepción generalizada que, debido a sus altas tasas de crecimiento económico sostenido y a su desarrollo tecnológico, la República Popular China brindará tremendas oportunidades de negocio en el futuro y se transformará en una potencia a tener en cuenta a nivel mundial.

Creciente influencia china en Latinoamérica

ESPERANZAS DE LOGRAR ACCESO EN EL FUTURO A LOS MERCADOS CHINOS

A pesar de las impresionantes tasas de crecimiento sostenido de China, sólo una pequeña fracción de su población de 1300 millones de personas es partícipe de la economía “moderna” y dispone de los recursos que le permiten acceder a bienes occidentales. Las estimaciones indican que la clase media china se compone de entre 100 y 150 millones de personas, dependiendo del nivel salarial que se utilice como parámetro, aunque esta cifra continúa creciendo rápidamente. Si bien comercializar en los mercados chinos resulta un emprendimiento difícil y costoso, la mera cantidad de potenciales consumidores inunda de aspiraciones a empresarios, estudiantes y funcionarios latinoamericanos.

En el sector de los commodities, las exportaciones latinoamericanas crecieron drásticamente en los últimos años, entre las que se incluyen el cobre chileno, el hierro brasileño y el petróleo venezolano. En Argentina, la demanda china dio origen a la industria de la soja completamente nueva y orientada a la exportación que no existía antes. Durante la recesión mundial de 2009, la demanda china de productos básicos, que surgió en parte de un gran paquete de estímulo orientado hacia la construcción de infraestructura, se percibió como un factor crítico para las industrias extractivas de toda América Latina, dado que había caído la demanda de los mercados tradicionales de exportación tales como EEUU y Europa.

Además de los productos básicos, ciertas marcas latinoamericanas reconocidas internacionalmente venden a la nueva clase media china que está abierta a gozar de su nueva riqueza para “probar” la cultura y cocina del resto del mundo. Lamentablemente, la mayoría de los productos que América Latina tiene disponibles para a exportar, que incluyen manufacturas livianas y productos tradicionales como el café y las frutas tropicales no resultan muy competitivos en China y están sujetos a múltiples barreras arancelarias tanto formales como informales en su ingreso al país.

A pesar de la divisoria entre las esperanzas y la realidad, se puede cuantificar la influencia de China en este ámbito por la multitud de dueños de empresas que están dispuestos a invertir millones de dólares y una innumerable cantidad de horas de su tiempo y operar en China a pérdida durante años, con la creencia de que el futuro de sus empresas dependen del éxito con el que logren posicionarse en el emergente mercado chino.

Las esperanzas de vender productos a China también produjeron un fuerte impacto en los líderes políticos cuya intención es promover el desarrollo de sus naciones. Los presidentes chilenos Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, por ejemplo, transformaron a las relaciones comerciales sino-chilenas en la piedra angular de la política económica chilena, firmando el primer pacto de libre comercio entre China y una nación latinoamericana en noviembre de 2005. El presidente peruano Alan García realizó esfuerzos similares mostrando a dicha nación como un puente hacia China al oficiar como país anfitrión de la cumbre de Cooperación Económica Asia Pacífico en noviembre de 2008. Los líderes latinoamericanos, desde presidentes a intendentes, lideran delegaciones a China y financian pabellones muy bien decorados en las exposiciones comerciales y culturales chinas, como por ejemplo la Canton Trade Fair y la Shangai World Export, en un esfuerzo para asistir a las empresas de sus países en la venta de sus productos en China.

ESPERANZAS DE FUTURAS INVERSIONES CHINAS

La combinación de los importantes superávit comerciales sostenidos y las altas tasas de ahorro interno confieren a China significativos recursos, que muchos en América Latina esperan se inviertan en sus países. El presidente chino Hu Jintao contribuyó a crear una conciencia generalizada de la posibilidad de que se realizaran inversiones chinas en la región durante el viaje que emprendió a cinco países de América Latina en 2004, mencionando específicamente miles de millones de dólares en posibles proyectos de inversión. Se suscitó una controversia pública sobre la cifra U$S 100 mil millones, en cuanto a si se refería a intercambio o inversiones, lo que hizo que América Latina centrara aún más su atención en China como potencial fuente de fondos.

Para América Latina, el momento en el que se produjo el desembarco de los capitales chinos generó una magnificación del impacto, con un aumento importante de los grandes acuerdos en 2009, momento en el cual las fuentes tradicionales de financiación de la región estaban congeladas debido a la crisis mundial.

INFLUENCIA DE LAS ENTIDADES E ONFRAESTRUCTURA CHINA EN AMÉRICA LATINA

Si bien la presencia de corporaciones y trabajadores chinos en América Latina languidece en comparación con la de EEUU, se encuentra en crecimiento y ejerciendo mayor peso en algunos países. Aunque las empresas chinas todavía no han logrado llegar al nivel de “empleadores clave” ni tampoco juegan un papel preponderante en muchas comunidades latinoamericanas, cada vez tienen un rol más significativo en sectores de importancia estratégica en muchos países de América Latina.

Es irónico, sin embargo, que las comunidades chinas en América Latina tengan un rol relativamente limitado en la expansión de su influencia. A pesar de la histórica existencia de comunidades grandes y arraigadas en países como Perú, Ecuador, Panamá y Brasil, los inmigrantes chinos tradicionalmente han buscado mantener un perfil bajo en dichas sociedades. La estructura de estas comunidades ha servido también para canalizar a los nuevos inmigrantes chinos en ciertas ocupaciones tradicionales, como por ejemplo restaurantes, el sector minorista, o la agricultura. En consecuencia, los chinos tienen actualmente muy poca participación en el comercio emergente entre China y América Latina, incluso en centros importantes para el comercio como Colón, Iquique, o Ciudad del Este.

Más allá de los vínculos comerciales, China cuenta con una importante y creciente presencia en las instituciones militares de la región. Además de las visitas frecuentes por parte de oficiales de alto rango y líderes del sector de defensa, México y casi todos los países de América del Sur envían oficiales a realizar cursos de entrenamiento militar profesional en China, inclusive un curso de cinco meses dictado en español en Beijing. La indumentaria y el equipamiento no letal fabricado en China son cada vez más comunes entre los militares de America Latina. Como sucedió con las industrias comerciales tales como motocicletas, automóviles y electrodomésticos, es probable que las empresas chinas que fabrican productos militares se valgan de la experiencia y creciente trayectoria de sus productos para aumentar su participación en la región, cuya consecuencia secundaría es que los adquirentes serán aún más dependientes de la logística, mantenimiento e infraestructura de capacitación china.

Además de los vínculos empresariales y militares, el rol de China en instituciones regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y las operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en Haití (Minustah) resulta cada vez más importante. Aunque China tiene solamente condición de observador en la OEA, su delegación realiza grandes aportes para el desarrollo de las actividades del organismo. Con relación al BID, China aprovechó su lugar como una puerta de acceso para hacer negocios en la región, tal es el caso del canje de monedas (currency swap) por U$S 10.200 millones con Argentina, que se firmó como actividad complementaria a la reunión anual del BID en Marzo de 2009. Además, el aporte financiero que China realizó inicialmente al BID le permitió formar parte de una comisión para la supervisión de préstamos otorgados a los países más empobrecidos de la región, lo cual le dio mayores contactos y la posibilidad de ejercer una sutil presión sobre los países que actualmente no reconocen a China a nivel diplomático, tales como Haití, Honduras y Nicaragua. En el caso de Haití, la presencia de fuerzas policiales chinas desde 2006, mediante la participación de China en la Minustah incrementa aún más esta presión.

CHINA COMO MODELO DE DESARROLLO

Desde su apertura al mundo en 1978, China ha experimentado impresionantes tasas de crecimiento económico sostenido, lo que ha provocado que muchos en América Latina consideren la integración de China al capitalismo y su autoritarismo político como modelo de desarrollo, más aún cuando la combinación propuesta por los Estado Unidos de democracia liberal, libre mercado y privatizaciones se percibe como no efectiva para resolver los problemas endémicos de la región, entre ellos la corrupción, la pobreza y la desigualdad. Para las élites tradicionales latinoamericanas, el modelo chino resulta particularmente atractivo porque sugiere que es posible alcanzar la prosperidad y el crecimiento sin resignar poder político.

Como ocurre con otras fuentes de soft power chino, el impacto del “Consenso de Beijing” en América Latina se basa más en percepciones que en realidades. Las diferencias entre las dos regiones –entre las que se incluyen la relativa sumisión a la autoridad en la cultura china del trabajo, la predisposición de los chinos a ahorrar más que a gastar, y el hecho que el resto del mundo sea un mercado para las exportaciones chinas– hacen que la historia de éxito china resulte difícil de repetir en América Latina.

AFINIDAD CON LA CULTURA CHINA

China ha realizado una promoción activa de la cultura y el idioma chino en el mundo, inclusive a través de eventos hito como los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y la World Expo en Shangai en 2010, visitada por aproximadamente cinco millones de turistas, así como también la apertura de más de 282 institutos “Confucio” en el mundo, veinte de los cuales se encuentran en América Latina. Los intercambios culturales son una parte destacada de las relaciones con América Latina, en línea con el carácter “no amenazante” que Beijing desea resaltar en estas interacciones.

A pesar de los “esfuerzos de marketing” que realiza, en contraste con el impacto global de la cultura estadounidense, la cultura china probablemente sea uno de los puntos más débiles del soft power de la República Popular China en América Latina. El interés por la cultura china probablemente resulte ser un reflejo y no un factor que impulse la influencia del país en la región. Si bien la cultura china ha llegado en parte a la vida cotidiana de Latinoamérica, las percepciones que de ella se tiene resultan generalmente limitadas y superficiales, y a veces se centra en informes periodísticos o en experiencias con chinos que viven en esos países. Dichas percepciones resultan diversas, inclusive con relación a la ética del trabajo de los chinos, el halo de misterio que rodea a su cultura y un cierto grado de desconfianza que surge de la diferencia que se percibe entre la cultura y la competencia comercial de los productos chinos.

CHINA COMO “TENDENCIA AL FUTURO”

Tal vez la fuente más fuerte de soft power chino resulte ser la menos tangible. El surgimiento de China como actor clave en el contexto global ha asumido proporciones casi míticas en América Latina. El rápido crecimiento del comercio con China y sus inversiones en América Latina, así como la expansión de sus contactos a todo nivel, no hacen más que reforzar la importancia del “surgimiento de China” según se percibe desde América Latina.

No es solamente la oportunidad de hacer negocios la que atrae la atención del pueblo y de los líderes de la región hacia China y da forma a su curso de acción, sino también el hecho que América Latina cree en el surgimiento de China y en las consecuencias de su capacidad de transformación a nivel global.

Probablemente, a nivel popular, el surgimiento de China se traduzca en un gran interés por el idioma chino en la región. Por ejemplo, el hecho de que un estudiante dedique cinco años o más para adquirir un manejo básico del idioma mandarín y su conjunto de caracteres sea probablemente consecuencia de la idea que la capacidad de comunicarse en chino resultará fundamental en el futuro a la hora de buscar oportunidades en China con empresarios y funcionarios del gobierno.

LA UTILIZACIÓN DEL SOFT POWER CHINO

EL RECONOCIMIENTO DIPLOMÁTICO DE TAIWÁN

Para República Popular China, el gobierno de Taiwán representa una importante cuestión de legitimidad política y de seguridad interna. Actualmente, 12 de las 23 naciones del mundo que reconocen diplomáticamente a Taiwán se encuentran en América Latina y el Caribe. Aunque China no amenaza públicamente con el bloquear las inversiones o préstamos a países que no reconocen a su país, destaca repetidamente el tema en su diplomacia pública en la región, y dificulta las inversiones y el acceso a los mercados a aquellos países que no lo reconocen, mientras que alimenta las expectativas respecto de las oportunidades que podría traerles el reconocimiento de China. Por ejemplo, cuando Costa Rica pasó del reconocimiento diplomático de Taiwán a reconocer a la República Popular China en mayo de 2007, recibió un paquete de asistencia que incluía U$S 83 millones para la construcción de un estadio de fútbol, la compra de bonos del gobierno por un valor de U$S 300 millones, diversos proyectos de autopistas, obras públicas y asistencia, y la concreción de un emprendimiento conjunto por un monto de U$S 1000 millones para la ampliación de la refinería de petróleo del país, así como la asistencia de China para que los productos tradicionales de Costa Rica por ejemplo el café accedieran a ese mercado.

Si bien China y Taiwán habían acordado informalmente evitar la utilización de incentivos económicos para “realizar ofertas” competitivas con el fin de conseguir el reconocimiento diplomático, desde que se produjo el cambio de posición de Costa Rica, el atractivo de China ha generado declaraciones de interés por cambiar de posición diplomática por parte del presidente panameño Ricardo Martinelli, del paraguayo Fernando Lugo y del salvadoreño Mauricio Funes, aunque lo hayan manifestado antes de asumir el poder.

ACCESO A LOS MERCADOS DE AMÉRICA LATINA

Los mercados de América Latina revisten un creciente valor para las empresas chinas debido a que les permiten ampliar y diversificar la base de exportación en un momento en el cual el crecimiento económico se torna más lento en los mercados tradicionales como EEUU y Europa. La región también demostró ser un mercado eficaz y receptivo de los esfuerzos chinos por vender productos más sofisticados y con mayor valor agregado en sectores considerados estratégicos como el de los automóviles, electrodomésticos, computadoras y equipamiento de telecomunicaciones, y aeronaves. Al expandir el acceso de sus productos a través de acuerdos de libre comercio con países tales como Chile, Perú y Costa Rica y penetrar en mercados de países latinoamericanos que cuentan con sectores manufactureros como es el caso de México, Brasil y Argentina, con frecuencia China tuvo que superar la resistencia de intereses organizados y a menudo muy conectados políticamente en esas naciones. Al hacerlo, las esperanzas de acceder a los mercados y las inversiones chinas entre los grupos de empresarios y de funcionarios de gobierno más importantes jugaron un papel importante en esas naciones respecto de la voluntad política de superar la resistencia. Se decía que en Venezuela el anterior embajador de China en Venezuela, Zheng Tuo, era una de las pocas personas del país que podía llamar al presidente por teléfono y que éste le respondía en forma inmediata si se presentaba algún problema con una empresa china.

PROTECCIÓN DE LAS INVERSIONES CHINAS EN LA REGIÓN Y DE LOS FLUJOS COMERCIALES DE LA REGIÓN

Por momentos la presión de China sobre América Latina para inducirla a mantener abiertos sus mercados a los productos chinos resultó más explícita. Específicamente realizó reclamos ante las medidas tomadas por los gobiernos argentino y mexicano a las que rotuló de proteccionistas. En el caso de Argentina, a modo de represalia informal, China comenzó a aplicar una reglamentación fitosanitaria de larga data que provocó casi U$S 2 mil millones de pérdida en exportaciones de soja y otros daños.

China utilizó su peso económico para logar asegurarse proyectos de envergadura con términos preferenciales. Durante el transcurso de la negociación de un préstamo para la central hidroeléctrica Coco Coda Sinclair en Ecuador, la habilidad del oferente chino SinoHidro para autofinanciar el 85% de los proyectos a través de bancos chinos lo ayudó a eludir el requisito tradicional ecuatoriano de que el proyecto contara con un socio local. Tiempo después el gobierno ecuatoriano rompió públicamente las negociaciones con los chinos, pero tuvo que regresar dos meses más tarde tras la incapacidad de hallar otras alternativas satisfactorias. En Venezuela, el gobierno de Chávez estuvo de acuerdo en recibir la mitad de los U$S 20 mil millones que le otorgó en préstamo China en moneda china, y utilizar parte de ese dinero para comprarle al fabricante chino Haier 229.000 electrodomésticos para revender al pueblo venezolano. En otro acuerdo, China otorgó a Venezuela un crédito pro U$S 300 millones para crear una aerolínea regional, pero, como parte del acuerdo, le exigió que los aviones fueran comprados a una empresa china.

BLOQUEANDO LA CONSOLIDACIÓN DE LA INFLUENCIA DE EEUU EN LA REGIÓN Y SUS INSTITUCIONES

El surgimiento de China está íntimamente relacionado con la economía global a través de los flujos financieros, de información y de comercio, cada uno de los cuales es altamente dependiente de las instituciones globales y de la cooperación. Es por ello que algunos líderes chinos ven amenazado el crecimiento y el desarrollo sostenido del país, y en consecuencia la estabilidad del régimen, si un actor como EEUU es capaz de limitar esa cooperación o de impedir que las instituciones globales avalen los intereses chinos.

En América Latina, China logró la condición de observador en la OEA en 2004 y su incorporación al BID en 2009, esfuerzos que le permitieron tener un asiento a la mesa de las instituciones regionales importantes para evitar que se las utilice “en contra” de sus intereses. Además, China se aprovechó de las esperanzas que tenían Chile, Perú y Costa Rica de acceder a su mercado para asegurarse acuerdos bilaterales de libre comercio, cuyo efecto práctico reside en alejar a América Latina de un bloque comercial dominado por EEUU (el Área de Libre Comercio de las Américas -ALCA-) en el cual China habría quedado en situación desventajosa.

Finalmente, China se beneficia de los desafíos que presentan regímenes como Venezuela, Ecuador y Bolivia al papel dominante de EEUU en la región. El comercio e inversiones en estos países es lo que los hace económicamente viables. No obstante ello, China es cuidadosa de evitar cualquier tipo de asociación con proyectos o retórica contraria a EEUU, que puedan dañar su relación más importante desde el punto de vista estratégico.

LÍMITES AL SOFT POWER CHINO

El desarrollo y ejercicio del soft power por parte de China tiene límites que son importantes de reconocer. Los límites del soft power chino en América Latina surgen, principalmente, de la enorme brecha que separa a las dos culturas, de la consecuente dificultad de conocer la cultura y el idioma del otro, de la falta de comprensión del uno hacia el otro, y de una desconfianza que existe en general en América Latina frente a los chinos.

La brecha cultural entre China y América Latina abarca diversas áreas, desde preferencias de consumo diferentes –lo que limita el atractivo de las exportaciones latinoamericanas tales como el café y la carne– hasta diferentes actitudes respecto de la autoridad en los negocios y los asuntos administrativos, que conlleva problemas laborales y otras dificultades en aquellos casos en los que China ha operado en América Latina.

El idioma constituye una de las barreras más significativas entre China y América Latina. Mientras que una parte relativamente importante de latinoamericanos tienen cierta habilidad en inglés, muy pocos hablan o leen chino, y aún menos chinos pueden comunicarse en español, a pesar de que la cifra va en aumento. Existe una proliferación de programas de idioma chino en América Latina, aunque la dificultad que presenta y el tiempo necesario para aprender mandarín se transforman en un poderoso impedimento que frena el crecimiento de los vínculos entre ambas culturas.

Lo que agrava todavía más la barrera idiomática es que los chinos conocen muy poco sobre América Latina. Salvo las principales instituciones gubernamentales –tales como la Academia China de Ciencias Sociales, que actualmente cuenta con el programa más grande del mundo de estudios latinoamericanos– y empresas chinas realmente multinacionales –como Hutchinson Whuampoa con sede en Hong Kong, China Shipping, China Overseas Shipping, Huawei y ZTE–, el conocimiento general sobre la región con el que cuentan los empresarios y funcionarios del gobierno chino es limitado, lo que acota la capacidad de China para desarrollar programas amplios y sofisticados de promoción de sus objetivos en la región.

Lo que es tal vez más importante, a pesar de los grandes esfuerzos que realizan empresarios y políticos chinos para llegar a América Latina, es que se los percibe como “alguien que no es los nuestros”, una realidad que se ve reflejada incluso en las comunidades chinas que a veces están solo integradas parcialmente, a pesar de las profundas raíces históricas que tienen en muchas ciudades de América Latina, como Lima y Guayaquil.

Esa distancia se traduce en una desconfianza continua, aún cuando ambas partes se den cuenta de los beneficios de la cooperación. Los empresarios latinoamericanos muchas veces expresan desazón, sugiriendo que los chinos son agresivos y manipuladores en sus tratos comerciales, o tienen agendas ocultas detrás de sus expresiones de amistad y buena voluntad. Las compañías chinas en América Latina no tienen una buena reputación desde el punto de vista de la responsabilidad social empresaria, se presume que reservan los mejores puestos de trabajo y los contratos para sus compatriotas, que tratan duramente a los trabajadores y que no tienen buenas relaciones con la comunidad local. En cuanto a los intercambios militares entre China y América Latina, es interesante notar que los oficiales del ejército que participan en dichos programas son estigmatizados de manera jocosa por sus colegas, cosa que no ocurre con los oficiales que participan en programas en EEUU.

Finalmente, la influencia China se diluye debido a la interacción entre América Latina y otros actores extrarregionales, como por ejemplo India, Rusia e Irán, entre otros. Aunque de los nuevos pretendientes China sea probablemente el más importante para la región, no es la única alternativa. A Nicaragua y los regímenes populistas de la región andina, Rusia les brinda importantes alternativas en cuanto a compra de armas e inversiones en el sector energético. El compromiso de invertir $18 mil millones por parte de un consorcio ruso para desarrollar el yacimiento petrolífero Junín-6 en el Orinoco, por ejemplo, puede haber contribuido a acelerar el compromiso por parte de China a invertir $16,3 mil millones en Junín-4. Además de Rusia, India también está encarando oportunidades comerciales, particularmente inversiones en los sectores de alta tecnología, servicios y productos básicos, mientras que desafía el monopolio de China respecto de la relación con países en desarrollo “sur-sur” en la región. Cuando China interrumpió las compras de aceite de soja argentino, por ejemplo, fue India la que tomó la posta.

Es probable que aquellos analistas que busquen signos de una coerción o intervención inminente de China en América Latina se sientan decepcionados. Sin embargo, el soft power todavía suscita importantes cuestiones respecto de la seguridad nacional, aun cuando China no intente explícitamente subvertir o marginalizar a EEUU como parte de su proceso de resurgimiento en la escena mundial.

Tanto en América Latina como en otros lugares del mundo, la modesta influencia que China ejerce actualmente le otorga triunfos cada vez de mayor escala en sectores de importancia estratégica como los negocios, la cultura y la tecnología. Aunque no exista un acontecimiento específico que pueda poner directamente en riesgo el interés nacional de EEUU, el efecto colectivo que se genera es el de la reestructuración de los flujos globales de valor agregado e influencia, de manera tal que beneficia a China, haciendo que la capacidad de EEUU de perseguir exitosamente sus objetivos e intereses nacionales sea cada vez más dependiente del consentimiento de China.

Para aquellos analistas que centran su atención en el “ascenso” de China en América Latina y otras zonas, la cuestión no pasa por si China representa una amenaza o si está en todo su derecho de promover sus intereses nacionales en América Latina y en otras partes del mundo. Más importante que eso es reconocer las dinámicas que dicho resurgimiento ha generado en una región que tiene vínculos humanos, geopolíticos y económicos cercanos a EEUU, y prepararse para mitigar los riesgos, hacer frente a los desafíos y valerse de las oportunidades que el ingreso de China en América Latina ha hecho posibles

Sobre el autor: Puerta a China

Consultora establecida en China desde 1999 especialista en comercio internacional, importar y exportar a China.

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